Sin tetas no hay historia

un comentario que suscita la teleserie... 

Si bien la teleserie colombiana "Sin tetas no hay paraíso" resulta polémica, audaz en el tema que aborda y dura en algunas situaciones, no logra redondear el tema central y tiene muchas incongruencias  en el aspecto narrativo.

 

Por: Jerónimo Rivera - Diario El Colombiano | Bogotá, Colombia.

  



Ellas viven en un mundo de ficción: sueñan con costosas operaciones para verse bellas y agradar a los hombres que les prometen el cielo.



María Adelaida Puerta, como Catalina, protagonista de la historia, acompañada de Cristóbal Errazuriz y Fabio Restrepo.



Nicolás Rincón y Patricia Ércole.



Fabio Restrepo y Sandra Beltrán.

 

Con un gran despliegue de medios, se estrenó la nueva producción de Caracol TV por ATV Canal 9... Sin tetas no hay paraíso, basada en la novela homónima de Gustavo Bolívar.

La serie cuenta la historia de Catalina, una joven pereirana que tiene como único anhelo en la vida el deseo de operar sus senos hasta que tengan un tamaño similar al de todas sus amigas, para recibir dinero de los pequeños y grandes capos de la mafia local que disfrutan con mujeres de talla 36 hacia arriba.

Sin tetas no hay paraíso es la primera novela de Bolívar, guionista de la televisión colombiana reconocido por abordar temas polémicos y actuales de la situación del país. En la lectura de la obra puede verse claramente la influencia de la televisión en su autor por la forma en la que cuenta la historia y su dificultad para describir y generar imágenes a los lectores. Es evidente que su oficio de guionista no le permite sostener el relato más que por las acciones fuertes que la anécdota real de Catalina tiene.

Como lector, es posible experimentar la sensación de que aquí nada ocurre y que las acciones se siguen unas a otras con escasa relación entre ellas y articuladas por una palabrita que se lee (y se escucha en la serie de t.v.) como una especie de comodín: Tetas. Que si te operaste las tetas, que cómo tiene de chiquitas las tetas, que por qué estás mirándole las tetas a ellas, que qué rico unas tetas y así sucesivamente hasta la saturación.

Partamos de considerar que esta serie es una de las más polémicas, pero exitosas (en términos de audiencia) de las que se han realizado en épocas recientes. Es innegable que aborda un tema interesante, preocupante y de gran actualidad; lo que inmediatamente se traduce en un buen índice de sintonía, toda vez que el público puede sentir gran cercanía con el tema. Este interés, sin embargo, puede ser traicionado por una historia ligera que no ahonda en el verdadero conflicto y en la que se toman los sueños de la protagonista como un simple capricho, generando de esta forma una ligereza en el tratamiento, que lo único que logra es restar importancia a un tema que es de salud pública.

Es importante resaltar, como aspecto positivo, la presentación (cabezote) del programa. En ésta puede verse cómo un mafioso arma a su antojo una serie de muñecas y las empaca en cajitas iguales. Esta parte nos hace énfasis en un asunto que amenaza con volverse problema en una sociedad que enfatiza desde los medios de comunicación en la necesidad de que las mujeres sean hermosas y flacas, casi anoréxicas, y que tengan bustos de grandes proporciones aún a costa de su propia salud.

 

Lo verdadero, lo creíble
En las historias audiovisuales es muy importante cuidar la verosimilitud, elemento fundamental para que pueda ser creída por el espectador. No basta con mencionar que ésta es basada en la vida real, pues la realidad en múltiples ocasiones supera ampliamente a la ficción.

Uno de los principales problemas de la historia de Sin tetas no hay paraíso es precisamente su escasa verosimilitud, no es suficiente con saber que la historia es real para que podamos creer todo lo que dice. Algunos ejemplos son reveladores:

Bayron, el hermano de Catalina, es un matón que no tiene escrúpulos para asesinar por dinero, pero en contraposición no es capaz de hacer nada contra Albeiro, el novio de su hermana, que prácticamente vive en su casa y se acuesta con su madre (la persona que, según él, más quiere).

Es inverosímil que Catalina se ofenda con su novio cuando le dice que sus senos son pequeños y que se convierta en una gran amante después de no tener experiencia al punto de impresionar a un hombre que seguramente ha tenido todas las mujeres que ha querido.

Igualmente, es inverosímil que el personaje de Catalina sea tan ignorante como para no saber qué es un dólar (sobre todo conociendo su proyecto de vida), pero tan inteligente como para planear la venganza de los hombres que la violaron.

Personajes sin volumen
El principal problema, sin contar con el elemento ético, es la mala caracterización de los personajes de la historia. Como espectadores, asistimos al surgimiento de unos personajes (las niñas prepago) que parecen no tener pasado y cuyo principal deseo no es más que un capricho.

Lamentablemente para la historia, el personaje menos claro es el de Catalina, la protagonista, que más allá de su capricho no tiene ningún elemento caracterizador. Es una niña que quiere meterse a la prostitución y que lo hace sin ningún recato, a costa de pasar por encima de todos por el simple capricho de agrandar el tamaño de sus senos. El personaje no tiene facetas distintas y pareciera estar todo el tiempo girando en torno a este capricho-deseo .

Cuando una historia asume el riesgo de que su protagonista sea un personaje negativo (en cine se habla de villanos y Catalina lo es), tiene que sopesar esta característica con algunos elementos que puedan hacerlo atractivo (o decididamente desagradable) al público.

En la escritura de guiones no valen las medias tintas, el público debe amar u odiar a los personajes pero hay que evitar (como ocurre en la historia) que no pueda conectarse con ellos. Si vamos a tomar un protagonista, puede ser incluso más interesante el personaje de La Diabla, que por lo menos tiene una meta clara y no tiene ningún escrúpulo en conseguirlo; Catalina, por el contrario, no se define claramente entre ser una niña de casa o una prostituta.

Capítulo aparte merecería la actuación poco convincente y la escritura de diálogos informativos, en una serie en la que se trata de contar todo con palabras y se deja muy poco a la fuerza de las acciones (asunto más delicado teniendo en cuenta el género de acción en el que se enmarca).
  
Sin paraíso
Desde el título, Sin tetas no hay paraíso aborda el tema haciendo uso del sarcasmo, un recurso de doble filo que puede generar una reflexión en personas ilustradas, pero de igual manera constituirse en la defensa de un estilo de vida.

Hasta el momento, la serie impulsa a los espectadores a desear que la protagonista tenga sexo con los mafiosos y los pocos personajes éticos pasan a ser villanos. Algunos diálogos de los personajes principales exaltan el estilo de vida mafioso como la única alternativa para salir de la pobreza y, por el contrario, se burlan del trabajo y el estudio como alternativas para sobresalir.

Esta serie apenas comienza, pero ya es posible predecir su desarrollo, incluso por el hecho de que el guionista es el mismo autor de la novela. Es importante enfatizar en la necesidad de que se aborden estos problemas sensibles para nuestra sociedad, pero siendo muy conscientes de la responsabilidad que implica hacerlo. No se trata de una preocupación por proyectar una buena o mala imagen del país, pues rompiendo el espejo no cambiamos nuestra esencia; pero sí de abordar estos temas con la profundidad necesaria para generar una reflexión.