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El
Sábado 2 de enero de 1897 a las nueve de la noche se realizó
la primera función pública de cine en el Perú. El aparato
usado para proyectar las imágenes en movimiento fue el
Vitascope, patentado por Thomas Alva Edison en 1896, y traído
al país por los señores C.J. Vifquain y W.H. Alexander. A
la sesión asistieron el Presidente de la República, Nicolás
de Piérola, Ministros de Estado e invitados.
La
Confitería Jardín Estrasburgo, donde se realizó la histórica
primera función de cine en nuestro país, es hoy en día el
Club de la Unión.
El
público que presenció en un inicio, las proyecciones del
vitascopio y del cinematógrafo fue de la aristocracia y las
imágenes que observaron eran de paisajes de otros países
(en 1899 se toman las primeras imágenes del Perú). Poco a
poco las funciones fueron llegando a los sectores sociales más
bajos, a través de exhibidores ambulantes que adquirían
los aparatos y los llevaban a varios lugares recorriendo el
país, generando el hábito y necesidad en el público que
pagaba por ver las funciones, y haciendo negocio. Esto fue
debido a que el cine traía estímulos venidos de lejos,
convirtiéndose en una forma de poner al alcance de la gente
paisajes geográficos y humanos que la falta de medios de
transporte negaban (solo habían rutas ferroviarias del
siglo XIX, aun no se empezaba la construcción de redes de
caminos esto se daría en la década de 1920).
Durante
sus primeros años (hasta 1913, año de la primera película
de ficción peruana), lo que el publico iba a ver en los
espectáculos de imágenes en movimiento eran, por ejemplo,
filmaciones de corridas de toros (de España, luego del Perú)
o vistas bélicas de la guerra hispanoamericana (EEUU y España
en Cuba), como también tomas del Perú: paisajes,
arquitectura y sociedad. Los sectores aristocráticos preferían
películas filmadas en paisajes urbanos extranjeros,
reproducción de hechos históricos y sucesos de sociedad
(aristocracia) en Lima. Los sectores populares preferían
filmaciones cómicas. Las principal critica que se hacía al
cine en esa época era la “carencia de naturalidad”,
porque el aparato reproducía las imágenes difusas y con un
parpadeo (esto se corrige en 1908), además de la falta de
sonido y el blanco y negro de las imágenes. Todo esto
irritaba a las sensibilidades educadas en una estética
armoniosa y fluida.
Algún
anónimo operador filmó hacia 1899 las primeras vistas del Perú.
El 23 de Abril de 1899, en el Teatro Politeama de Lima, se
presentó un espectáculo denominado Estereo kinematógrafo,
que presentaba veinte vistas, entre las que se encontraban
tres denominadas La Catedral de Lima, Camino a la
Oroya y Chanchamayo. Fueron tal vez las primeras imágenes
de la geografía peruana proyectadas por un aparato
cinematográfico. Durante las dos primeras décadas del
siglo, la producción de cortos documentales fue permanente.
Empresas como Pathé o Cinema Teatro se dedicaron a captar
escenas de los primeros vuelos aéreos, los baños de
Chorrillos, las retretas y patinaje en el Paseo Colón, etc.
A
partir de 1908, apogeo del negocio cinematográfico, se
instalan los aparatos de reproducción en muchos
establecimientos levantados para ese propósito. Además se
realizan las proyecciones con acompañamiento de la música
de un fonógrafo. Se constituye la Empresa del Cinema
Teatro (desde 1915 Empresa de Teatros y Cinemas S.A.),
y construyen el Cinema Teatro de la calle Belén en 1909, y
en noviembre de 1913 se traslada una nueva sala construida
de la calle La Merced. La gran cantidad de público que
empezó a acudir al Cinema Teatro probó que existía un
mercado importante para el cine. En 1911 se forma la Compañía
Internacional Cinematográfica, construyen su sala Excelsior
de la calle Baquijano en 1914, y ambas compañías competían
en la proyección de películas extranjeras.
La
primera película peruana de ficción fue Negocio al Agua,
estrenada el 14 de abril de 1913 en el Cinema Teatro
de Lima. La respuesta de su rival Compañía
Internacional Cinematográfica fue
la realización de Del Manicomio al Matrimonio
estrenada en junio del mismo año. Estas dos películas
fueron las únicas de ficción hechas en el Perú de ese
periodo.
Según
afirma R. Bedoya en “100 Años del cine en el Perú:
una historia crítica”:
“…Es
probable que la Primera Guerra Mundial y las carencias de
material fílmico virgen que ella trajo consigo fueran los
factores determinantes de tal escasez” ... “también
puede ser explicada por el carácter subordinado que tuvo el
cine hecho en el Perú desde sus inicios. Si el documental
era propicio para ser colocado en la programación como
material de relleno o complemento de cintos extranjeras, la
ficción en cambio concurría directamente con las
industrias cinematográficas norteamericanas y europeas, que
apelaban en forma creciente a la seducción de la tecnología,
la larga duración y los rostros de unos actores a los que
se adhería pronto el prestigio de lo mitológico” ...
“el cine argumental, por otro lado, tenía un costo de
producción superior al documental, excedente que los dueños
de las salas, que entonces fungían de productores, no
estaban dispuestos a sufragar, más aún cuando el publico,
a esas alturas del desarrollo del espectáculo cinematográfico,
exigía la calidad técnica del cine extranjero y no pálidas
e imperfectas copias nacionales de las comedias sofisticadas
foráneas”.
En 1922 se
estrena Camino de la Venganza. Esta película
reflejaba en su argumento la contradicción de la vida
rural, sana y robusta, con la vida de la capital, llena de
peligros. Este argumento sería recurrente en adelante. La
sociedad peruana mostraba esa división entre lo rural y la
urbe, y el cine la retrató por su afán de mostrar la
realidad social con hechos cercanos al público, y así
atraerlo. Mientras, el público peruano empezó a preferir
el cine estadounidense, se conocieron los filmes de Chaplin,
que empezaba a hacerse famoso en el mundo.
En 1926 hubo
una controversia porque se iba a estrenar una película (Páginas
Heroicas) sobre la Guerra del Pacífico y el gobierno
del presidente Augusto Leguía censuró su estreno porque
ofendía los sentimientos patrióticos de Chile. Se discutió
algunos meses pero nunca llegó a estrenarse. Aparecen las
primeras revistas especializadas como: Cines y Estrellas,
Luces y Sombras, La Semana Cinematográfica,
etc. Además otras publicaciones incluyen en sus números
secciones dedicadas al cine como: El Mundo en la Pantalla
del diario La Prensa, El Mundo del Celuloide en la
revista Variedades, etc.
Estrenada
en el cine Excelsior el 12 de Octubre de 1927, fue el primer
filme de gesta popular. Dirigida y protagonizada por Enrique
Cornejo Villanueva, contaba la historia del famoso bandolero
convertido en leyenda a principios de siglo. La
crisis mundial de 1929, que afectó de alguna manera al país,
no permitió el desarrollo de la tecnología en los años
sucesivos, y redujo la asistencia de público a las salas.
Por estos motivos la producción nacional no fue abundante,
pero se hicieron algunos films de acogida popular.
La
Perricholi, el primer suceso de prestigio estrenada el
13 de Septiembre de 1928, llamó la atención de los
primeros cinéfilos por la reconstrucción de época y fue
el primer film peruano visto en el extranjero. Fue
presentada en la Exposición de Sevilla del mismo año.
Dirigida por Enzo Longhi y producida por la Empresa
Cinematográfica Peruana, se puede considerar una
superproducción para los estándares de principios de
siglo. |







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Manuel
Trullen fue un nombre importante en la fundación del
cine criollo, como se denominó a ese corto periodo de
auge de la producción de películas de largometraje
peruanas que se inicio en 1937. Fotografió las dos ultimas películas
mudas estrenadas en el país Como serán nuestros hijos
y Yo perdí mi corazón en Lima, y la primera
sonorizada, Resaca en 1934 ( de Alberto Santana )
Hasta su muerte en 1975, fue el símbolo de los primero años
del cine peruano.
Felipe
y Washington Varela La Rosa fueron los fundadores de Amauta
Films, empresa que entre 1937 y 1940 produjo un
conjunto de 14 películas arguméntales, entre ellas La
bailarina loca, De carne somos, Gallo de mi
galpón, El guapo del pueblo, Palomillas del Rímac
y Almas en derrota, que recogieron el habla y canto
popular, así como las costumbres de la clase media y los
barrios populares. Podemos reconocer en estos melodramas y
comedias voces como las de Jesús Vásquez y composiciones
de Felipe Pinglo y Nibaldo Soto. Como es de esperar, las
producciones de Amauta Films gozaron del
reconocimiento popular y un gran éxito comercial. El
español Manuel Trullen, y el argentino Francisco Diumenjo
participaron también en ellas.
La llegada del sonido fue una novedad que atrajo nuevo público
hacia un medio que ahora tenía mas elementos de
identificación con los espectadores. A Resaca, le
siguieron Cosas de la Vida (1934) y Buscando
Olvido (1936).
Surge
la sociedad Patria Films, que realiza varias películas:
solo en 1930 se hicieron 7 largometrajes. En 1932 se promulgó
una norma legal que creaba la Escuela de Cinemática
Ambulante: su objetivo era la educación masiva y la
integración de la masa indígena al proceso nacional. Lo
que se hacían era llevar unidades móviles con un proyector
junto con películas de índole artística y científica.
Este sistema fue fugaz, debido a que su financiación fue
imposible, y poco a poco el público fue menos a las salas y
la producción nacional empezó a disminuir.
En
la década de 1940 (julio de 1944) se promulga la
primera norma legal para fomentar la producción cinematográfica,
durante el gobierno del Presidente Manuel Prado.
La finalidad de este dispositivo era
producir un noticiario nacional y diversos documentales de
exhibición obligatoria en todas las salas del país. Esta
norma estuvo vigente hasta 1954.
El
rápido desarrollo del cine mexicano y la fuerte competencia
que esto significó para los demás países de Latinoamérica,
trajo como consecuencia una crisis en las producciones
nacionales. Sin embargo, un pequeño numero de filmes se
estrenó durante esta década, entre ellas La Lunareja,
dirigida por Bernardo Roca Rey, fue un intento por hacer un
cine exportable, de tono serio y cuidando los detalles técnicos.
Estreno: 5 de Julio de 1946.
En
los años 50 (auge del cine estadounidense y mexicano), sólo
se hace un largometraje peruano, La
Muerte llega al segundo show de José Maria Roselló,
propietario de los Estudios Roselló, ubicados
en Ate, convertidos hoy en día en una fábrica de
embutidos. El impulso cinematográfico se mantuvo gracias a
la producción continua de noticiarios y documentales.
Contrariamente
a lo que ocurría con la producción de largometrajes, la
distribución desarrolló rápidamente. Se formaron sólidas
empresas exhibidoras y se abrieron numerosas salas de cine.
Esta fue la época de oro del cine mexicano y de las grandes
producciones hollywoodenses, que tuvieron gran aceptación
en el publico limeño.
Se
hacen además muchos documentales, lo que tienen su
principal representación en lo que se llama la etapa de el
cine del Cusco, quienes retrataban las costumbres de los
pueblos andinos (carnavales, fiestas religiosas, etc.)
Conjunto
de cintas que logro llevar al cine por primera vez la
presencia campesina, fruto del esfuerzo de gente como Víctor
y Manuel Chambi, Luis Figueroa y
Eulogio Nishiyama, quienes a partir de la
fundación del Cine Club Cusco en 1956 retrataron el mundo
andino en una serie de documentales de gran valor. El empeño
mas ambicioso de los cineastas cusqueños fue Kukuli
(1960), historia de una leyenda indígena acerca de la
disputa de un hombre y un oso mitológico por el amor de una
joven.
Como
consecuencia directa de la ley promocional del segundo
gobierno de Manuel Prado, se constituyo en 1965 la empresa Filmadora
Peruana (P.I.C.S.A. Perú Industria Cinematográfica
S.A.), que tuvo como objetivo el realizar películas
coproducidas con México.
Lo
hizo durante varios años realizando films de
entretenimiento apoyadas en el star-system mexicano y
peruano, entre ellas: Operación Ñongos (1964) A
la Sombra del Sol (1966) de Carlos Enrique Taboada, Seguiré
tus pasos (1967) de Alfredo B: Crevenna, Bromas S.A (1967)
de Alberto Mariscal, Pasión Oculta (1968) de A. B.
Crevenna, Las Sicodélicas (1968) de Gilberto Martínez,
El Tesoro de Atahualpa (1968) de Vicente Oroná.
La
masificación de la televisión y la popularidad de las
estrellas de las telenovelas peruanas y programas
televisivos hizo que varios filmes de la época los tuvieran
como protagonistas.
Ejemplos de esto son Nemesio
(1969) con Tulio Loza, la producción de Kiko Ledgard El
embajador y yo (1968), Simplemente María (1970)
y Natacha (1971). Todas simples películas de
entretenimiento, pero éxitos de taquilla.
Pero
un hecho más favorable para el cine peruano fue el estreno
de Ganaras el Pan (Inti Films,1965), primer
largometraje de Armando Robles Godoy (Nueva York, 1923),
quien se convirtió en el autor más destacado de la década
y cumple desde entonces un importante papel como docente y
gestor de proyectos destinados a darle al cine un marco
legal estable.
En
1962 se da una ley que libera de impuestos a toda exhibición
de largometrajes producidos en el Perú por empresas
peruanas, mas no daba alternativas de financiación, ni
otorgaba otras facilidades para que empresarios jóvenes se
iniciaran en la actividad cinematográfica. |









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Durante
el gobierno militar del General Juan Velasco Alvarado, en
1972, se promulga la Ley de Fomento a la Industria
Cinematográfica, que promovía la exhibición obligatoria
(determinada por la Comisión de Promoción Cinematográfica)
y la retribución porcentual. Esto significó el despegue de
la producción nacional, especialmente de cortometrajes. Los
precios eran fijados por las municipalidades, que los mantenían
bajos, pero eso se compensaba por la cantidad de gente que
asistía. Entonces los productores veían recuperar su inversión
rápidamente.
En
estos años el cine peruano va logrando elevar su calidad técnica
y artística, destacando especialmente el cineasta Armando
Robles Godoy, quien introdujo aportes del nuevo cine europeo
en sus películas, de las que destacan En la selva no hay
estrellas (1968) Espejismo (1972) y Sonata
soledad (1978) cuyo mayor defecto reside quizás en la
debilidad del hilo argumental frente al interés por los
recuerdos y los paisajes.
Sin
embargo, poco a poco, el publico fue advirtiendo que los
cortos realizados eran de baja calidad y predominaba la
improvisación y la inexperiencia. Además los exhibidores
también reaccionaron en contra ya que veían esta ley como
una imposición de un gobierno autoritario y que a expensas de
sus ganancias alentaban la producción nacional.
En
los veinte años de vigencia de esta Ley se constituyeron mas
de ciento cincuenta productoras que filmaron alrededor de
1,200 cortos y 60 largometrajes, entre ellos algunos que
mencionamos a continuación.
Película
estrenada en 1978, fue un interesante experimento de
largometraje por episodios, donde cuatro directores mostraron
facetas de Lima vistas a través de historias ambientadas en
diferentes sectores de la ciudad. Estos cuentos con moraleja
fueron dirigidos por José Carlos Huayhuaca ( Intriga
Familiar ), Augusto Tamayo San Román ( Mercadotecnia
o Las desventuras de Mercurio ), José Luis Flores Guerra
( El Príncipe ) y Francisco Lombardi ( Los Amigos
).
La
formula se repitió con Aventuras Prohibidas (1980) y Una
Raya mas al Tigre (1981).
A
diferencia de la Escuela del Cusco, el cine campesino en los
70 se apoyó en las novelas clásicas de la literatura peruana
y en el indigenismo imperante en la época. El primer
largometraje en este rubro fue Kuntur Wachana (1977) de
Federico García Hurtado. Le siguieron El caso huayanay:
Testimonio de Parte (1981) y Laulico (1980).
Ellas
incorporaron el tema del conflicto social en los Andes, así
como una peculiar visión simbólica del paisaje. Siguen esta
vertiente campesina Los Perros Hambrientos (1976) y Yawar
Fiesta (1986) del cuzqueño Luis Figueroa, seguidas por Un
Clarín en la Noche (1983) de José Luis Rouillon y Los
Ronderos (1987) de Marianne Eyde. Otras, inspiradas en
personajes históricos fueron Melgar, el poeta insurgente
( 1982) Tupac Amaru (1984) y El Socio de Dios
(1986) de Federico García y La Familia Orozco (1983)
de Jorge Reyes. |




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Los
años 80 vieron como con la crisis económica se afectó el
desarrollo cinematográfico, y con los desastres provocados
por el terrorismo se empezó a distinguir una característica
más populista y de retrato de la realidad social del
momento en la mayoría de las producciones. Paulatinamente
la crisis social, económica y el terrorismo fueron
disminuyendo y la del cine también pero no del todo.
Asimismo
en estos años surge una nueva generación de cineastas, de
los que destaca Francisco José Lombardi ,
quien obtiene la consagración con La ciudad y los perros
de Mario Vargas Llosa en 1985 y quien ha usado como
estrategia para sus películas el uso como material de obras
de la literatura peruana.
La
difícil economía de la década afectó gravemente el
desarrollo de la cinematografía nacional. Los productores
tuvieron como prioridad la recuperación inmediata de la
inversión, antes de que la incontrolable inflación
disminuyera sus ingresos y aumentara los intereses de los
prestamos bancarios.
Por
ese motivo se buscaron recursos técnicos ingeniosos y
baratos como el video y se recurrió una vez mas a los temas
populistas. Algunos ejemplos son: Los siete pecados
capitales y mucho más ( Carlos Barrios, 1985 ), Los
Shapis en el mundo de los pobres ( Juan Carlos Torrico,
1986 ), Fantasías ( Efraín Aguilar, 1987 ), El
Rey ( Juan Carlos Torrico, 1987 ), La fuga del chacal
( Augusto Tamayo, 1987 ) y Profesión: detective (
Juan Carlos Huayhuaca, 1986 ).
La crudeza de la situación económica y política del país
y el ingenio de los peruanos para salir de las dificultades
con humor y astucia fueron los temas de esta vertiente
realista con contenido social, cuyas excepciones fueron los
films de ficción futurista de Luis Llosa como Misión en
los Andes (1986), Calles Peligrosas 2040 (1988), Fuego
en el amazonas (1990), entre otras realizadas junto a
Robert Corman para ser emitidas por canales de TV cable en
Estados Unidos y filmadas íntegramente en ingles.
Considerado
por muchos como el proyecto más interesante de los ochenta,
el Grupo Chaski surgió como un colectivo cinematográfico
integrado, entre otros, por Fernando Espinosa, Alejandro
Legaspi, Stefan Kaspar, Rene Weber, Oswaldo Carpio, Maria
Barea, Susana Pastor; quienes desarrollaron un interesante
proyecto de films ambientados en los barrios marginales de
Lima. Gregorio (1984) y Juliana (1986) trazan
la crónica de la travesía urbana de los niños de la
calle. |



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La
difícil economía de la década de los ochentas afectó
gravemente el desarrollo de la cinematografía nacional. Los
productores tuvieron más dificultades que nunca para la
recuperación de la inversión, debido a la incontrolable
inflación que disminuía sus ingresos y aumentaba los
intereses de los préstamos bancarios. Por ese motivo se
buscaron recursos técnicos ingeniosos y baratos como el
video digital y se recurrió como en ocasiones anteriores a
los temas populares. Otro motivo de la decadencia del cine
peruano y de la poca asistencia a los cines en general fue
la aparición del VHS, que por un buen tiempo suplantaron la
asistencia a las salas. Afortunadamente, esta etapa se superó
con la creación y remodelación de las salas de cine a
modernos multicines con sonido de calidad.
Asimismo
el gobierno del Ing. Alberto Fujimori dio la estocada final
a una cinematografía que se veía morir, derogando la ley
de cinematografía promulgada durante el gobierno militar en
1972 y eliminando la obligatoriedad de la exhibición
nacional, con lo que nuestro cine pasó por una etapa que a
duras penas pudo resistir. |

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El
cine peruano
se encuentra hoy en uno de sus mejores momentos: en los últimos
tres años se ha estrenado casi 20 largometrajes y se ha
ganado alrededor de 150 premios internacionales; se ha
rodado más de un centenar de documentales y cortometrajes,
los que se han exhibido en múltiples festivales en el
mundo.
Pero
si bien se ha producido mucho, porque a las producciones
peruanas en los últimos años les ha ido mal en la taquilla
¿A qué se debe esto?
Podríamos
decir que se debe a la arrolladora presencia de la industria
norteamericana que coloca sus blockbusters en casi
todas las pantallas, dejando de lado a las pequeñas
producciones peruanas y de otros países. Pero no es la única
razón. Hay que mirar hacia adentro y ser críticos con la
calidad de muchas producciones peruanas que más que atraer,
alejan al espectador de las salas, contribuyendo al
prejuicio de que “todas las películas peruanas son
malas”.
Sin
embargo, con la llegada de nuevos realizadores y mejores
condiciones de producción, tenemos ante nosotros un
panorama alentador. Luego de más de una década en que se
estrenaron hasta 8 filmes nacionales al año, es muy
probable que el 2007 tengamos más de 10 producciones
realizadas en suelo peruano. Eso
sin contar que el cine de
provincias cobra mayor actividad y que en los terrenos del
cortometraje y el documental asoman múltiples y valiosas
propuestas.
Entonces
¿qué falta? Mayor compromiso de los propios realizadores
para elevar el nivel de las producciones y así crear una
base de espectadores cautivos, pero además se precisa de un
apoyo decidido del Estado. Sobre
esto apunta bien el decano al señalar que Más allá del éxito
en taquilla, se necesita una ley del
cine que funcione y se cumpla. Más
claro ni el agua.
Llevémonos
estos datos en la cabeza:
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Según
la Ley de la Cinematografía Peruana, el Conacine
debe contar con un presupuesto anual de S/.
6′827.200.
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Ese
presupuesto serviría para implementar varios concursos
anuales de largometrajes y cortometrajes.
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Hasta
el 2006, los sucesivos gobiernos solo han otorgado el
15% de lo que por ley corresponde otorgar.
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La
producción total de una película en el Perú cuesta
entre US$ 250,000 y US$ 450,000.
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Los
ingresos por taquilla para el dueño de la película se
calculan en solo US$ 0,8 por espectador.
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En
los últimos 7 años ninguna película peruana superó
los 290,000 espectadores.
Un
factor que ha permitido la mejora en la situación del cine
nacional ha sido la creación en 1997 del Festival El Cine
de Lima, convocado anualmente por la Pontificia Universidad
Católica del Perú y que se ha convertido en un medio para
dar a conocer al público los nuevos films del cine peruano
y latinoamericano.
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